¿Te ha pasado que sueltas un hábito que te hacía bien y no te das cuenta hasta que ya estás mal?
A mí me pasó con la escritura, y me tomó semanas conectar las dos cosas.
Mi experiencia más reciente
Nos mudamos en marzo del año pasado. Había cajas por todas partes, un desorden terrible y un montón de decisiones por tomar. Y lo primero que solté fue mi práctica de journaling.
Y esa es la parte que quiero que veas, porque no fue una decisión consciente. No me senté a pensar “Por estos días no voy a escribir”. Simplemente un día no abrí mi cuaderno, y al siguiente tampoco, y en algún momento dejó de estar en mi cabeza.
Los hábitos no se abandonan con una decisión. Se caen en silencio, mientras tienes la cabeza en otra cosa.
Y esto me tomó tiempo entender.
Porque llevar mi diario no se me cayó en una semana tranquila y de calma total. Se me cayó en la más exigente. Y esto tiene una razón, cuando la vida se pone difícil, lo primero que sueltas es lo que no tiene fecha límite. Nadie te reclama si no escribiste.
Entonces sueltas lo que te hace bien, justo cuando más lo necesitas.
Y esto no tiene nada que ver con la falta de disciplina. Es que lo importante casi nunca es urgente, y lo urgente siempre gana.
Por eso, esos días en los que estuve en mudanza, adaptándome a nuevos cambios y poniendo orden a muchas cosas, los sentí el doble de pesados porque había soltado la herramienta que me ayudaba a procesar mi caos interno.
Entonces, ¿qué fue lo que vi cuando volví?
Al retomar mi diario, lo que salió no fue nada nuevo. Eran las mismas preocupaciones dando vueltas desde hacía semanas. Escritas, ocupaban muchísimo menos espacio del que tenían en mi cabeza.
Por eso vale la pena volver, aunque no descubras nada nuevo, ves de un vistazo lo que llevabas semanas cargando en desorden.
Así retomé mi práctica de journaling sin culpa
Si tú también soltaste la escritura que te hacía bien, esto es lo que a mí me sirvió:
Vuelve chiquito. Escribe tres líneas. Y sobre todo, no intentes “ponerte al día” con todo lo que no escribiste. No conviertas el regreso en una deuda.
Escribe lo que está dando vueltas hoy, no lo que “deberías” estar procesando. Lo que se repite es lo que más pesa.
Léelo al día siguiente. Ahí aparece el patrón. Una entrada suelta es un desahogo, pero dos entradas seguidas ya te muestran qué se repite.
Cuéntame: ¿cuál es el hábito que se te cae primero cuando la vida se pone difícil?
Gracias por leerme.
Jessica
P.D. Si quieres hacer este trabajo conmigo, únete a mi reto de 14 días para entender los patrones que gobiernan tu vida.


